Una fría mañana de invierno es el escenario de la siguiente historia, por un lado los protagonistas, yo, como siempre, actor principal, y principal pardillo como viene siendo costumbre últimamente.
Tenía que comprar unas telas verdes, pues este domingo es la imposición de las pañoletas, que viene a ser como un pañuelo con una estrella, símbolo y simbología, parte fundamental en nuestras vidas, y actos que definen nuestra forma de actuar en el día a día.
Sabía como se llamaba la tienda donde podría encontrar la tela: Gacela, pero lo que no sabía, era por donde caía, y el casco viejo es bastante grande, y con un índice muy alto de tiendas por metro cuadrado, así que iba a ser una mañana en busca de la gacela perdida, solo que esta vez no iba a haber una rubia temblando sin casi ropa al final del túnel.
Decido bajar andando, que así doy un paseillo, y empiezo a buscar tiendas, por las muchas calles y callejuelas que hay por el casco viejo, que por el día parece otra cosa, por las noches las calles parecen más estrechas, están mas llenas de obstáculos y el suelo resbala bastante mas.
Después de una hora dando vueltas y de aprenderme de memoria las 126 tiendas que hay, y de que la gente piense que soy un terrorista islámico por pasar 12 veces por la misma calle (Pantalón verde de pana, sudadera negra, con capucha, guantes negros, y una graba de esas tapándome por debajo de los ojos, sin duda, debería de dar miedo).
Por fin doy con la tienda, estaba en un callejón angosto y muy poco llamativo, pero eso no le impedía tener la tienda a rebosar. Era una tienda de dos plantas, llena de telas por todos lados, unas 10 dependientas/es y al rededor de 30 personas cuya media de edad ronda los 50 años. Desde luego mi presencia no paso inadvertida, todo el mundo me miraba como esperando que dijera algo, del estilo, de : Por ala, y por dios, cagummmm. Pero no, me quito los guantes y me destapo la cara, y me coloco en el centro de la tienda.
Había unos 5 mostradores, más el segundo piso, todos con viejecillas que no quieren comprar nada, tan solo pasar la mañana hablando del frío que hace y de como cuando era ella pequeña se calentaban poniendo agua caliente en la cama.
Bueno, me pongo en uno de los mostradores, y espero a que me toque, pero eso no sucede, pues la dependienta no esta vendiendo nada, sino hablandole de sus hijos, MANDA HUEVOS. como no tengo prisa, le digo de buenas formas: - Si estaba buscando una tela, a lo que ella contesta: - bien, un momento, en el mostrador de allí te atienden.
Aunque me parece muy fuerte, decido no armar un escandalo y me dirijo al mostrador, donde estaba otra chica, con dos adorables ancianitas, y atención porque aquí tampoco estaban comprando nada, se pasaban el rato diciendo como les gustaría que fuese la casa de su vida o algo así. Después de otros 15 min, y ya llevaba 30 sin que nadie comprara nada(esta tienda tiene que tener más perdidas que la de la marca ACME), decido ya de mala leche acercarme a la chica y decirle en tono tosco:
Oye, a quien hay que matar para que te atiendan en esta tienda???????
A lo que me contesta ella muy amablemte: aaaa!!!, estas esperandooo???
Pues la verdad, por el tiempo que llevo, ya no se si estoy esperando o trabajo aquí, en ese caso tendré que hablar con los clientes, no?
Se le cambio la cara, al final resulta que encima no tenían la tela que quería, me pongo mis guantes, me tapo la cara, y con una mirada asesina ¬¬, me marcho de allí.
viernes, 11 de marzo de 2005
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