Este fin de semana he tenido fin de semana con los chavales, con los más peques además, de 5º y 6º. Como siempre me lo he pasado bien, como siempre he vuelto cansado y con algún moratón de alguna patada perdida, y como siempre he vuelto con una sonrisa y 5 años menos.
Que vitalidad tienen, que maravillosa ignorancia, que felicidad, que energía desprenden. No se cuando perdí todas esas virtudes, pero durante estos ratos vuelvo a recuperar un poco de esa juventud, en la que lo más importante era llegar al patio pronto para tocar la portería y no ponerte de portero.
Como hacia un color horrible cambiamos los planes que teníamos y compramos un arsenal de globos de agua y los empezamos a llenar para hacerles una emboscada a los chavales. Ellos con pruebas iban consiguiendo pistas para poder encontrar los globos, y cuando ya todos teníamos, los monitores nos atrincheramos en la casa, y desde allí bombardeábamos a todo lo que se movía por allí.
Justo al lado de la puerta de la cocina estaban las chicas, porque estaba allí una de las fuentes, así que pronto me olvidé de llenar los globos, que tardaba mucho, y me hice con una taza de desayuno que se llenaba en 2 segundos, y abriendo la puerta un poco, le enchufaba a alguna una buena ración de agua fría... libre de impuestos, jajajja.
A la tercera vez ya me estaban esperando y aunque yo logre esquivar el ataque, a Sendoa que andaba por allí apostado le cayo una buena encima. Estuvo muy bien la verdad, después una duchita, a cambiarse de ropa y a cenar caliente.
Como todavía son muy peques, algunos es la primera vez que salen de casa sin sus papis, sin móvil para evitar la tentación, y claro, siempre hay alguno que tiene “mamitis”, así que de vez en cuando alguna te da un abrazo gratuito, y con un buen abrazo de oso se olvidan las penas. Ellos son tipos duros y no les gusta reconocerlo, así que lo piden de otras formas, con dolores imaginarios o cosas del estilo. Sobre todo a la hora de irse a dormir, donde sus padres les llenan de atenciones y cariños, es cuando más sentimentales se ponen.
El momento más “gracioso” (para los monitores) fue cuando nos confesaron envalentonados que habían estado yendo a unas cuevas que había por la casa, sin nosotros, cosa que estaba harto prohibido, así que se merecían un correctivo, después de barajar varias opciones como el irse antes a dormir y quedarse sin juegos, se me ocurrió de coña algo que fue al final el “castigo”.
A dos de las niñas no les gustaba el yogur con cachitos, así que habían tardado 1 hora en comérselo quitando cacho a cacho todo lo que pareciera un trozo de fresa, así que se me ocurrió que si se comían un yogur entero les perdonaríamos el castigo a todos, dándoles una presión horrible a las dos pobres querubines. Yo que soy muy mal comedor, no aguanto la cebolla entre otras muchas cosas, hubiera castigado al mismísimo ghandi antes que probar algo que no me gustara, pero estas dos valientes, no dudaron ni 3 segundos en decir que si, que se lo comían. La verdad es que no íbamos a hacerles comer el yogur porque era algo bastante cruel, y aunque podía haber un fin didáctico, no era esa la idea del asunto.
No es fácil decirlo sin partirse de risa, así que lo hice yo que soy bastante bueno pa eso, el resto se reían un poco pero bueno.... cuando una de ellas se echo a llorar después de comer un par de cucharadas se me cayo el alma a los pies, así que decidí sin consultarlo con los demás monitores que el castigo había terminado, que el gesto de sacrificarse por el resto había sido muy valiente, y desde luego, a mi, me dieron una lección.