martes, 26 de octubre de 2010

Ikusi mendizaleak

12:30 hora zulu, estoy en lo alto del monte pagasarri, las condicciones son adversas pero no pienso ni por un momento en dar marcha atras, a pesar de que en las 2 horas de subida he perdido el aliento en un par de cuestas, siempre tuve claro el objetivo, el monte o yo.

La intensa niebla no me deja ver ni a 10 metros, me impide ver los hermosos paisajes del valle, la lluvia cae sobre mi, feroz, con fuerza, y las frias gotas de agua me caen por la barbilla, y con frecuencia tengo que limpiarme los ojos, porque la molesta lluvia asi lo pide. Estoy calado hasta arriba, mi chandal de algodon ha sido una muy mala eleccion, y mi sudadera, aguanta todo lo que puede. Tengo un chubasquero en la mochila, pero no lo quiero, aun no.

Lo peor sin duda alguna no es la lluvia, que es una bendicion del cielo mientras subo, pues me refresca y me da fuerzas para seguir. Lo peor es el viento invernal que sopla alli arriba, y que me hace tembrar y tiritar como un niño asustado por la oscuridad.

Parece que la montaña queria que diera media vuelta, pero no sabe con quien se las gasta, cuanto más negro estaba el cielo, cuando más frio me entraba, más ganas de continuar tenia, no era momento de dar media vuelta, ni un solo paso atras.

El no haber desayunado me salio muy caro, pues hasta que no me tome mis barritas de cereales de manzana que llevaba, iba perdiendo el aliento cada poco y las piernas me fallaban. al llegar arriba todo cambio, las fuerzas ya estaban recuperdas, y sentado en un pedregoso camino, con la lluvia por techo, saque dos mandarinas de mi mochila, y...oohhh, puedo asegurar que en la vida habia disfrutado tanto esa fruta.

Alli estaba yo, posiblemente en las peores condicciones que se me ocurren, con una sonrisa perfecta, y disfrutando de todas esas sensaciones que el monte me estaba dando.

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