Seis de la mañana, hora Zulú, no puedo escuchar los pasos que se acercan a mi puerta, ni tan siquiera la brisa que entra por la ventana, pues Morfeo me tiene cautivo en su profundo abrazo. Cada vez los pasos se acortan, están más y más próximos, la puerta se entreabre, y una voz me hace despertar tan de repente, que mi mente aun está algo transpuesta y no reconoce esa voz tosca, pero pronto hace memoria y recuerda con poca fortuna, que el día anterior le dijeron que le iban a despertar a las 6 de la mañana. Malas noticias desde luego.
Esa figura en mi cuarto, era mi padre, que estaba allí para recordarme la encerrona en la que me había metido pocas horas atrás. La noche anterior con voz tenua me dijo:
- ¿tienes algo que hacer mañana?,
- mmmm no, respondí.
- estupendo, entonces te llamo a las seis para ir a por cerezas.
- Arrgggg.
Mi padre, hombre de pueblo, o como dice Homer Simpson, un hijo de la tierra, adora la vida en el campo, y aprovecha cualquier momento para ir al pequeño pueblo que le vio nacer, a unos 40 Km de Haro.
Después de mirar por la ventana y ver que aun era de noche, bajo a la cocina a intentar desayunar algo, pero mi estomago seguía dormido, así que sólo pude comer un par de bizcochos y un buen vaso de zumo de naranja de tetrabric, con mucho sabor y pocas vitaminas.
El viaje en coche se pasa rápido, con una parada en Navarrete, para comprar el pan, uno de los panes más ricos que he comido nunca, sólo precedido por el pan de Orozco a 3 euros la hogaza. El pueblo estaba en fiestas, y había dos chavalitas en la puerta de la panadería, así que después de un par de comentarios absurdos, seguimos nuestro viaje.
No es la primera vez que voy al pueblo a coger cerezas, ciruelas, peras, etc. Como experiencia no esta nada mal, aun hay gente que se cree que fresas caen de los árboles como las peras.
Por mi parte, yo soy una persona de ciudad, y pronto se notan las diferencias entre unos y otros. Como no tenía zapatillas viejas, había ido en chancletas, grave error, el campo, lleno de piedras me destrozo el tobillo en poco tiempo, aun me duele un poco.
Coger frutos de los árboles es como un programa televisivo, tu metes la mano sin ver bien, y cuando las vuelves a ver, puedes tener en la mano unas cerezas, una araña, una mariquita, o un bichejo muy feo con muchas patas, y unas pinzas en la cabeza, al que llamábamos cortapichas cuando éramos pequeños, aunque dudo que ese sea su verdadero nombre.
Como el día estaba nublado, no pase mucho calor, cosa que se agradece, pero a veces el frió también hacia mella. A las 10:30 llega el parón para el almuerzo, una buena noticia al fin. Un poco queso, un poco jamón, y un poco chorizo, con el mencionado pan, y la bota de vino. Estábamos 4 personas allí: Mi padre, su tío Antonio de unos 80 años, una prima de mi padre y yo. Antonio y su prima iban allí por amor al arte, es decir, iban allí por que no tenían nada mejor que hacer, es más, otros años Antonio estaba allí antes que nosotros. Espero tener algo mejor que hacer yo a su edad, desde luego.
Un poco más de trabajo, y para las 12 se toca la sirena, como no ha llovido, no hemos terminado antes, así que antes de marchar, saco unas fotos, como no de las hermosas vistas, todo un lujo desde luego.
Mi salario: Un cesto de cerezas para después de comer, que sabrán a caviar iraní, desde luego. En una buena mañana pudimos sacar 100 kilos de cerezas, más o menos. Mi padre volverá toda la semana, pero yo casi que prefiero quedarme durmiendo.
lunes, 14 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario