martes, 29 de julio de 2008

El principio del fin


Mañana terminamos las clases en prisión hasta el curso que viene, y como todos los años, espero poder hacer algo más especial para el último día. Lo normal suele ser hacer una merendola, traer unos sanwiches, con unas cocacolas, o lo que sea, pero por motivos de seguridad esta prohibido introducir comida. Motivos de seguridad es el comodín para permitir o no permitir algo. La monjita que hace los cursos de manualidades y pintura suele traer pastas o palmeritas de chocolate de vez en cuando, pero claro, ¿qué peligro puede haber en que una hija de Dios traiga comida?.

Otra posibilidad es comprar las cosas en el economato, pues eso si esta permitido, pero sólo los internos y los funcionarios pueden comprar ahí, y nosotros no somos ni unos ni otros. Hace algunos años, cuando se podía pagar con dinero real, si podía comprar cosas, y a muy buen precio, cocacolas frías a 25 céntimos, café a 20 céntimos o helados magnum a 60 céntimos. El precio puede ser ese ya que compran en macros y no hay margen de beneficio para nadie, y el sueldo de la gente que trabaja allí, es muy bajo. No es la primera vez que los funcionarios hacen la compra en el economato, para ahorrar dinero, y se llevan todas las natillas, o yogures del economato, y hacen enfurecer a más de uno. Pero como comentaba, ahora ya no usan dinero real, ni billetes de papel exclusivo de la prisión, sino que usan tarjetas electrónicas, en parte para luchar contra el trafico de drogas, etc.

Como tampoco puedo comprar dentro, lo de la merendola se ha terminado, así que haré lo que he hecho en ocasiones anteriores, llevar un juego sencillo, y dejarles jugar durante la hora de clase, el xmoto suele ser la opción elegida, pues es fácil de jugar, y entretenido. Con esto terminamos el curso, nos veremos otra vez en octubre esperando no ver las mismas caras, y en Basauri eso es bastante sencillo, por ser una prisión preventiva, aunque no se muy bien que es lo que previene, pero eso para otro día mejor.

Hoy mismo me ha llegado la noticia de un ex-alumno que salió en libertad, y acaba de dar con su cuerpo en Nanclares de nuevo, por conducir sin carné de conducir, sin seguro, etc etc.
Como estoy apuntado en una academia de estadística, este año me lo pasaré en Bilbao en agosto también, por primera vez en mi vida, nunca antes había pasado un verano lejos de Haro, la tierra de mis amores, tierra de gamberradas y tierra de libertad, que esta poco valorada en estos días de oscuridad.

miércoles, 16 de julio de 2008

Fotografia, cosas que no puedes hacer con una compacta


Las cámaras compactas suelen tener un modo manual muy reducido, si es que lo tienen, y aunque la mayoría de la gente no lo eche en falta, vamos a ver un ejemplo de una fotografía que una compacta de gama media no puede obtener, simplemente porque no nos deja hacer enfoque automático.

Las cámaras compactas hacen casi todo de forma manual, y el enfoque es lo más importante, con lo que cuando pulsamos el botón a la mitad, la cámara mide la luz con el fotómetro, después de eso, enfoca, y luego calcula que diafragma se necesita, y que velocidad de obturación. Algunas cámaras de gama alta te permiten cambiar los dos últimos, pero el enfoque me temo que no, aunque no lo se del todo seguro.
Con las reflex esto cambia, tenemos control total, aunque bien es cierto que el autofocus es lo normal, no es obligatorio, y vamos a ver un ejemplo de para que puede servir enfocar manualmente. Supongamos que queremos sacar un pájaro a través de una reja, enfocando el pájaro que está más lejos. Con las compactas esto no puede hacerse, porque la cámara enfocara lo que encuentre primero, o lo que ocupe más, en este caso la reja.

En esta prueba que hice el otro día pasaba algo parecido, quería sacar una hoja de viña, pero desenfocada, mientras que las flores del fondo las quería perfectamente nítidas. Hice dos fotos, una con autofocus, y otra sin él, el resultado no esta mal.


Con autofocus

Sin autofocus

lunes, 14 de julio de 2008

Los hijos de la tierra

Seis de la mañana, hora Zulú, no puedo escuchar los pasos que se acercan a mi puerta, ni tan siquiera la brisa que entra por la ventana, pues Morfeo me tiene cautivo en su profundo abrazo. Cada vez los pasos se acortan, están más y más próximos, la puerta se entreabre, y una voz me hace despertar tan de repente, que mi mente aun está algo transpuesta y no reconoce esa voz tosca, pero pronto hace memoria y recuerda con poca fortuna, que el día anterior le dijeron que le iban a despertar a las 6 de la mañana. Malas noticias desde luego.

Esa figura en mi cuarto, era mi padre, que estaba allí para recordarme la encerrona en la que me había metido pocas horas atrás. La noche anterior con voz tenua me dijo:
- ¿tienes algo que hacer mañana?,
- mmmm no, respondí.
- estupendo, entonces te llamo a las seis para ir a por cerezas.
- Arrgggg.

Mi padre, hombre de pueblo, o como dice Homer Simpson, un hijo de la tierra, adora la vida en el campo, y aprovecha cualquier momento para ir al pequeño pueblo que le vio nacer, a unos 40 Km de Haro.

Después de mirar por la ventana y ver que aun era de noche, bajo a la cocina a intentar desayunar algo, pero mi estomago seguía dormido, así que sólo pude comer un par de bizcochos y un buen vaso de zumo de naranja de tetrabric, con mucho sabor y pocas vitaminas.
El viaje en coche se pasa rápido, con una parada en Navarrete, para comprar el pan, uno de los panes más ricos que he comido nunca, sólo precedido por el pan de Orozco a 3 euros la hogaza. El pueblo estaba en fiestas, y había dos chavalitas en la puerta de la panadería, así que después de un par de comentarios absurdos, seguimos nuestro viaje.

No es la primera vez que voy al pueblo a coger cerezas, ciruelas, peras, etc. Como experiencia no esta nada mal, aun hay gente que se cree que fresas caen de los árboles como las peras.
Por mi parte, yo soy una persona de ciudad, y pronto se notan las diferencias entre unos y otros. Como no tenía zapatillas viejas, había ido en chancletas, grave error, el campo, lleno de piedras me destrozo el tobillo en poco tiempo, aun me duele un poco.

Coger frutos de los árboles es como un programa televisivo, tu metes la mano sin ver bien, y cuando las vuelves a ver, puedes tener en la mano unas cerezas, una araña, una mariquita, o un bichejo muy feo con muchas patas, y unas pinzas en la cabeza, al que llamábamos cortapichas cuando éramos pequeños, aunque dudo que ese sea su verdadero nombre.

Como el día estaba nublado, no pase mucho calor, cosa que se agradece, pero a veces el frió también hacia mella. A las 10:30 llega el parón para el almuerzo, una buena noticia al fin. Un poco queso, un poco jamón, y un poco chorizo, con el mencionado pan, y la bota de vino. Estábamos 4 personas allí: Mi padre, su tío Antonio de unos 80 años, una prima de mi padre y yo. Antonio y su prima iban allí por amor al arte, es decir, iban allí por que no tenían nada mejor que hacer, es más, otros años Antonio estaba allí antes que nosotros. Espero tener algo mejor que hacer yo a su edad, desde luego.

Un poco más de trabajo, y para las 12 se toca la sirena, como no ha llovido, no hemos terminado antes, así que antes de marchar, saco unas fotos, como no de las hermosas vistas, todo un lujo desde luego.

Mi salario: Un cesto de cerezas para después de comer, que sabrán a caviar iraní, desde luego. En una buena mañana pudimos sacar 100 kilos de cerezas, más o menos. Mi padre volverá toda la semana, pero yo casi que prefiero quedarme durmiendo.